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La Virgen María
La Virgen María, la Madre de Dios, es uno de los pilares fundamentales del sentimiento religioso de los católicos. María es Madre de Jesús, Madre de Cristo, Madre de Dios, y Madre de todos nosotros, ya que es el mismo Jesús quien así lo proclama.
Los seres humanos tenemos un sentimiento especial hacia la madre. La madre que nos concibe, que nos alberga en su seno seguro y confortable, la madre que nos da a luz sufriendo en el parto, que nos alimenta cuando nuestros ojos aún están cerrados. La madre que sufre por nosotros cuando sufrimos, que vela nuestra enfermedad y nos reconforta. Ésa es la madre a la que los soldados heridos de muerte llaman a gritos en los campos de batalla.
Todo eso es María, nuestra Madre.
Los católicos rezan a la Madre celestial, a la Madre de la Humanidad así:
Dios te salve, María. Llena eres de Gracia. El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres. Y bendito es el fruto de tu vientre: JESÚS. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.
En María se venera la Madre que da su amor sin esperar nada a cambio, y en su caso, sabiendo que "una espada le habría de atravesar el alma". Y María le dio su amor a su hijo Jesús y lo da a toda la Humanidad. María es el cálido regazo en el que se protege el cristiano y los católicos, la aman como se ama a la propia madre, porque Dios la llenó de Gracia al enviar al Espíritu Santo sobre ella y los apóstoles en Pentecostés. Los católicos veneran a María porque es su propia madre, la personificación del Amor y del sacrificio y porque los gratifica y los acerca al Señor. Contemplar a una persona nacida de hombre y mujer como ella, y ser elevada por la Gracia de Dios. María es el reflejo, es la personificación de todas las virtudes que acercan a Dios porque María es el auténtico reflejo humano de la perfección de Dios. "María es el camino para llegar a Cristo" como señaló el Papa en el encuentro de Madrid con los jóvenes el 5 de Marzo de 2003 . Tras la muerte de Jesús, Lucas relata la Efusión del Espíritu Santo sobre los Doce Apóstoles y sobre María el día de Pentecostés, por lo que María es así recompensada a un mismo nivel que los apóstoles por Dios con el Espíritu Santo.
Los católicos tienen un sentimiento muy especial hacia la Madre María. En ella se honra todas las virtudes humanas que acercan a Dios y se honra el Amor infinito que Dios es capaz de modelar en los corazones.
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